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Son más de 15 mil años que el perro ha venido conviviendo con el humano. No sé sabe si el primero se acercó al segundo o el segundo, viendo las características de éste y tratando de sacar el mayor provecho, se acercó y lo adentró a su vida. Lo que sí podemos saber es el gran beneficio que esta “alianza” ha traído al ser humano; sería muy pretensioso de mi parte decir que el perro “siente” lo mismo.
Y es aquí donde está el problema de esta relación de dos especies que se han fundido a lo largo de estos miles de años, pero que sin embargo no han sido suficientes para que el ser humano haya logrado entender a la especie que le ha brindado gran parte de sí mismo.
Nosotros los humanos tenemos la capacidad de poder acomodar las cosas a nuestro propio beneficio, en la mayor parte de las veces sin importar si dañamos o perjudicamos un modus vivendi; esto nos da una ventaja sobre las demás especies que cohabitan con nosotros en este planeta. En este sentido, siendo la especie más inteligente, deberíamos esforzarnos por tratar de entender un poco más a este gran compañero que nos ha ofrecido grandes beneficios.
Los cánidos nos han dado tanto que hemos sido capaces de explotar esta nobleza, y digo bien explotar. El humano empezó a buscar de qué manera podía sacar mayor provecho de esto y claro ejemplo son las múltiples razas que existen, desde perros de bolsillo, grandes cazadores y guardianes hasta perros guía y de servicio comunitario. Muchos de estos servicios son verdaderas acciones de “heroísmo” que nuestro compañero perruno realiza sin ningún tipo de prejuicio en contra del animal que lo ha sometido, el ser humano.
A lo largo de estos miles de años la visión que se tiene sobre el perro ha evolucionado, la modernidad nos dio una visión totalmente diferente al aspecto de las interrelaciones personales y con lo que nos rodea; paradójicamente una especie se vio afectada en este cambio de paradigmas, la canina. Especie que más de cerca ha acompañado el caminar del Homo Sapiens Sapiens en sus triunfos pero también errores. Ninguna de las otras especies cercanas al hombre ha sufrido tan rigurosamente los cambios en la estructura social del ser humano como la canina.
Navegando entre el antropocentrismo y el antropomorfismo, el mejor amigo del hombre ha logrado sobrevivir y al mismo tiempo ha ido degenerando lo que es en tanto que es, Canis. Pero, ¿qué es el perro? esta pregunta, por mucho que tratemos los humanos de conceptualizar, no lograremos en sentido estricto responderla; sin embargo para el hombre no hay imposibles. El ser humano se da la tarea de adentrar a una especie totalmente diferente a su propio mundo llenándola de conceptos, comportamientos, estereotipos y paradigmas que no le corresponden en sí sino que le son atribuidos. Esto es lo más sencillo, implica menos trabajo, es lo ideal para una especie que ha aprendido a minimizar esfuerzos, la humana. Forzamos la adaptación pero difícilmente nos adaptamos, no nos interesamos por conocer a fondo la especie con la cual convivimos día a día y a la cual paradójicamente nos hemos atrevido a llamar “el mejor amigo del hombre”.
La explotación de recursos para beneficio del hombre no es nuevo, la misma explotación del ser humano sobre su propia especie no es nuevo. Convivir hoy en día con un can es toda una experiencia que brinda bienestar a la persona y/o familia que lo posea, pero hasta que punto esto puede, en cierta manera, sobrepasar los límites del respeto a la autonomía propia del ser. Las personas que nos hemos dedicado a estudiar la conducta canina podemos observar que ésta ha ido cambiando poco a poco, y tal vez podría decir que más rápido en los últimos 20 años.
Pero, qué factores influyen para que un perro deje de ser perro y comience a tener conductas no propias a su especie.
Existen algunos factores (humanos) que pueden influir en la conducta de un perro, sin embargo el que más me preocupa, ya que de ello se derivan la mayor parte de las conductas no propias a la especie, es la obstaculización del imprinting, improntas, impregnación con su propia especie, la canina; dicho en otras palabras: negar al perro ser perro.
Los caninos tienen diferentes etapas en su desarrollo conductual, si se truncan esas etapas en el cachorro tendremos diversas alteraciones que son producidas por una mala socialización de los cachorros, las cuales pueden producir, muchas veces, daños muy difíciles de reparar en el comportamiento de los perros. Algunas de las alteraciones: síndrome de hipersensibilidad-hiperactividad (HS-HA), síndrome de privación sensorial, depresión de desapego precoz (DDP), ansiedad de separación, disocialización primaria y las impregnaciones heteroespecíficas, entre otras.
No pretendo entrar a detalle con cada una de estas alteraciones en la conducta del can, el objeto de esto es concientizar que el abandono de los perros a su suerte se debe a una falta de interés por el propio humano de conocer a fondo la especie con la que ha convivido por años. La reproducción inmoderada y no responsable por parte de dueños de mascotas, orilla a separar de la madre a las camadas de cachorros apenas cumplidas las cuatro semanas de vida, si bien nos va, tiempo crucial para que el perro se impregne de las conductas propias de su especie. Al llevar a un cachorro de escasas cuatro semanas de vida a convivir con otra especie, la humana, adquirirá la impronta de la especie que lo acoge y no la que le corresponde propiamente, la canina. En este sentido adelantamos una etapa que el perro debe vivir con los de su propia especie. Cada etapa tiene su tiempo y su forma de llevar, la socialización con el humano debe de ser gradual y en el momento adecuado, de esta manera tendremos un can equilibrado como tal y que al mismo tiempo convive con otras especies pero sin perder lo que es.
Al nacer, el cachorro no tiene un reconocimiento innato de los miembros de su propia especie; “no sabe que es un perro”. Esto tiene que ser aprendido. A través de la identificación de las especies, un cachorro es capaz de reconocer a sus progenitores (impresión filial), y desarrollar relaciones sociales intraespecíficas y preferenciales (impresión fraternal) y las relaciones (impresión sexual) que permiten la supervivencia de las especies (impresión filial y sexual). Un animal con impresiones defectuosas está perdido para su especie.
Debemos preocuparnos más por nuestro “mejor amigo”, es indispensable y de suma importancia que dejemos de pensar en nosotros mismos, que siempre busquemos nuestro propio beneficio. Existen miles de perros abandonados, los cuales debieron estar en un hogar que de principio le fue ofrecido, sin embargo por nuestra falta de responsabilidad les damos la espalda.
Muchas de las conductas negativas de los canes, las cuales son factor de abandono, son provocadas por nosotros mismos, ¿es justo dañar a tal magnitud la integridad tanto física como emocional de un ser vivo para luego, como si nada, deshacernos del problema que nosotros mismos generamos? No. Si nos atrevemos a llamar al perro: “el mejor amigo del hombre”, tratémosle como tal, con la dignidad con la cual se trata a un amigo, con el mismo interés que se le conoce, con la misma calidad de amor y entrega que merece.
De una cosa estoy seguro, muchas de las conductas que nos orillan a abandonar a nuestro “mejor amigo” se pueden evitar de una manera muy sencilla: dejar al perro ser perro.

Edgar Núñez.

Presidente fundador CIEdAAC

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